viernes, julio 22, 2005

Poema de Quevedo

Es muy conocido, pero ahí les va, porque es maraviloso y de vez en cuando tengo la tentación de identificarme con él.
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Transformación

¡Hola! Empiezo esta aventura, de la mano de un hada azul que me convertirá en ser humano.
¡Dejaré de sert piedra!--ya no de madera.