martes, agosto 30, 2005

Comentario de Dolores Castro

Esto fue lo que dijo Dolores en la presentación de mi libro en La Casa del Poeta: ella misma me entregó su texto. ¿Cómo agradecérselo? Compartiéndolo: de esa manera la tendrán a ella y a mí. Me atrevo a hablar por todos: los poetas anhelamos entregarnos. Quien se anime al albur, órale. Ella dijo:
"José Antonio Matesanz: A la caza de intangibles. ¿Quién puede atreverse a intentar esta hazaña? Pregúntenselo a un poeta. A José Antonio, que hoy está presente.
Si no se atreven pueden seguir mi camino. Este poeta no tiene la costumbre de ver cuanto le circunda. Él se dedica a contemplar. No sé cuál sea la raíz de esta palabra, pero imagino que mucho tiene que referirse a templar con; a ver lo filtrado por los sentidos y templado por la inteligencia, la emotividad y la intuición, en un espacio templado por el ritmo más profundo de lo esencial, y en donde la imaginación complementa lo que la vista no alcanza.
En una especie de buceo anímico, el poeta arranca desde el fondo una realidad para llevarla a la superficie y mostrarla con nuevas luces de vida perdurable; expresa lo que rescató del fondo de su conciencia, de su experiencia vital, de su vivencia en la poesía.
Esta poesía además, está teñida con un hermoso sentido del humor y un acercamiento a la vida del campo, y su animación; porque es la suya poesía en movimiento así sea en el corral de las vacas, o en algún episodio de caballero sobre un caballo más o menos caudaloso, o en la forma experimentada de calcular el tiempo de los campesinos. También, como Miguel de Montaigne, reconoce que el miedo tiene su propia velocidad, sea para mover hombres, o caballos.
Conserva en Corridos el vuelo del habla popular, y siempre la ironía del dolor de una madre, no por la muerte del hijo, sino por el número de puñaladas que causó su muerte. O bien, ante la pelea de unas damas comenta: 'Y quedé fascinado, más que por los golpes, por la cruda muestra de pasión'.
Decires y Cantares nos introduce en el pleno ámbito de la poesía lírica:
'Tocado por la belleza del mundo
salgo de mi centro
o mejor dicho entro en él
enternecido y afiebrado'.
Uno de los más hermosos textos de este poemario es Impresión. Entrando en el río. Muestra de la vitalidad de la expresión, es para sus lectores la impresión de la frescura, del fondo limoso que pisa, y de la gozosa sensación de internarse en cuerpo y espacio del agua.
'Poso mi planta cautelosamente en el limo del fondo, no sea que un vidrio roto, una lata oxidada me corten y me ofrezcan la sorpresa del tétanos, siempre presente, y siempre--casi--obedecida la voz de la madre. Sensualmente viscoso se abre entre mis dedos, me acaricia, crema miel, precursora de otras, más adultas. Avanzo. Cuando el agua me llega a la cintura, me arrojo al abrazo de las ondas, que me reciben, como siempre, abiertas y gozosas'.
Es así como, después, podemos internarnos en su río, río que fluye a la vez dentro y fuera del poeta:
Nací a tu orilla y tus aguas me nutren.
Soy de ti, eres de mí.
Estás en el trasfondo, en la superficie de lo que soy,
de lo que quiero ser.
José Antonio Matesanz sabe decir a tiempo y callar a tiempo; así la emoción de Mirándote dormir crece hasta acrecentarse en un final que cada lector completa.
Imaginación, ironía, dos líneas que sólo la inteligencia puede extender, se manifiestan en todo el poemario, en el Monólogo de Antinoo muerto, por ejemplo, o en Disperso; porque el poeta sale de noche A la caza de intangibles, y encuentra satisfacción, gozo de ser, y palabras resplandecientes para expresarlo.
Fernando Pessoa destaca el papel de la inteligencia en la poesía. En las páginas de este libro aparece en constantes brillos, sobre todo, de ironía. Cada poema arranca una sonrisa, mientras va ascendiendo desde anhelos de alabanza sobre el mundo y avidez de gozo de infinitudes a la cita final:
Celia Cruz y Johnny Pacheco dixit:
Qué pena me da tu caso,
lo tuyo es mental.
El poeta, ante los fuegos del deseo, aquilata la curva de su ascenso y cumplimiento, verano y otoño.
En una original Carta a Dios, queda de manifiesto su fuerza expresiva y su estilo personalísimo.
En el último poema de este libro nos hace partícipes de una experiencia religiosa de participación en la gracia divina.
A la cacería de intangibles fue José Antonio Matesanz, y regresó con ardientes trofeos, luminosos poemas, con luz de gracia, de inteligencia, de poesía."

sábado, agosto 20, 2005

Por razones que pueden ser obvias, se me quedó una línea de St John Perse: "Ay vejez, y cómo nos engañas: Nos prometes un camino de cenizas y nos das un camino de brasas". Y así es: atestiguo cómo el mundo se transforma en un cúmulo de brasas, que recojo una tras otra sin importar que mis manos se llaguen y que el fuego me llegue a los huesos: así se calientan. De vez en cuando, un viento rapaz sopla sobre esas brasas, y de cuando en cuando se levanta una llama. Vejez, verde vejez, por los escondrijos de mis pechos soplan aires húmedos, tibios, que dejan apenas un rocío ligero hecho de deseos ignorantes de límite y de moral. Privilegio: Me embriago con el púrpura y el naranja de mis flores, con la presencia masiva de un adolescente, con el óvalo impositivo de las nalgas de las pollitas que, por fortuna impúdicas e inconscientes, se bajan los pantalones en público cada vez más. Observo el proceso con atención.