martes, agosto 22, 2006

Charla de bienvenida para alumnos de nuevo ingreso

DISCURSO DE BIENVENIDA PARA LOS ALUMNOS DE NUEVO INGRESO. AULA MAGNA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS. UNAM.
17 Y 18 AGOSTO DEL 2006
por José Antonio Matesanz

Buenos días.
Estoy en este podio y ante este micrófono para darles a todos ustedes, estudiantes de nuevo ingreso, la bienvenida a nuestra Facultad de Filosofía y Letras.
Creo que ya estoy autorizado para ello. Entré aquí, como profesor, en 1968—apenas a tiempo para no perdérmelo—, y como estudiante, en 1960, a tiempo para gozar de un momento espléndido de esta Facultad.
Recuerdo con nostalgia, con cariño y con agradecimiento aquella Facultad pequeña, en la que había grandes profesores disertando sobre grandes temas.
Hoy, más abundante en alumnos y profesores, algo más complicada, la Facultad sigue teniendo grandes profesores disertando sobre grandes temas. A ustedes toca averiguar cuáles son esos profesores, y aprovecharlos.
Paradójicamente, a pesar de los años a veces siento que apenas estoy empezando mis actividades en la Facultad, que apenas empiezo a conocerla, y a la vez me pregunto, asombrado de mí mismo, por qué he persistido en vivir en ella durante tanto tiempo. Y he dicho vivir en ella, porque una vez que te integras, vives en la Facultad. Y una de las razones de mi tenacidad, me digo, es que la Facultad se renueva continuamente—y prueba de ello es que están aquí ustedes, empezando su experiencia facultativa—, y otra de esas razones es que también yo me renuevo. Ser profesor en la Facultad en asegurarse de tener a la mano la fuente de la eterna juventud.
Y es que la Facultad no es simplemente un trabajo: es una pasión, continuamente renovada.
Me permitiré recordarles que son ustedes un grupo privilegiado, una élite que logró entrar a la UNAM mientras muchos otros se quedaron en el camino. Son ustedes parte del 7% de los jóvenes mexicanos en edad de iniciar su licenciatura, que gozan del privilegio de esta universidad. Élite, por supuesto, en el sentido de grupo pequeño y especial, en nuestro caso no élite del dinero o de la sangre, sino élite de la inteligencia informada. Y me permito también recordarles, que esta universidad es la mejor de México, y una de las mejores en el mundo —según una clasificación de una institución inglesa está en el lugar 95 entre las 200 mejores en el mundo. Y por lo que concierne a escuelas de humanidades, esta Facultad está considerada en el 20avo lugar entre las mejores.
Facultad de Humanidades, entonces, mejor que solamente de filosofía y letras, para destacar el hecho de que aquí no solamente estudiamos filosofías y letras clásicas, letras modernas e hispánicas, sino también historias, pedagogías, geografías, estudios latinoamericanos, bibliotecologías y teatros, todas ellas en plural—la diversidad y la variedad es uno de nuestros orgullos—, todas ellas humanidades, todas ellas a la vez ciencias y artes sociales, pues todas ellas son disciplinas dignas del nombre de ciencias y de artes, y sociales porque por muy puras y universales que pretendan ser, ninguna está divorciada de contextos mexicanos y de contextos universales. Y humanidades que tienen la misión, grande entre las grandes, de formar seres humanos plenos.
Seguramente se habrán enfrentado ya al prejuicio que considera a las humanidades como cosa inútil, y si no lo han hecho ya, les recomiendo que se rían compasivamente de una idea tan imbécil y tan pretenciosamente ignorante. Si consideramos que lo útil es solamente lo que nos permite ganar cada vez más dinero, las humanidades, sin ser del todo inútiles—yo como humanista no me he muerto de hambre—, no pueden competir, digamos, con la administración de empresas, si es que hay alguna empresa que administrar. Pero si consideramos cuál es la meta última de las humanidades: la formación de seres humanos plenos, entonces estas disciplinas son de lo más útiles que podemos concebir, además de lo más urgente y necesario, dada la situación inhumana en que se encuentra el mundo, dominado por la barbarie tecnologizada. El ser humano no nace como tal ser humano, sino que se hace, se hace a lo largo de muchos años, sea en la escuela, sea en el mundo, que también es una espléndida escuela. Y no estará de más insistir en que la Facultad se encuentra en el mundo, y el mundo se encuentra en la Facultad.
Por lo demás, la forma de estar a la altura del privilegio es aprovecharlo al máximo. Y es lo que les recomiendo: aprovechen al máximo esta Facultad. De mí puedo decir que, aunque considero que llevo una vida plena, vivo también frustrado en el nivel de mi voracidad, de mi deseo de comérmelo todo, porque no tengo tiempo, materialmente no hay tiempo de asistir a todas las conferencias, a todas las obras de teatro, exhibiciones de cine, coloquios, mesas redondas, lecturas, etc. que tienen lugar aquí. Pero sí hay tiempo de ir a muchas, y hay mucho donde ejercitar esa suprema capacidad humana de elegir. Me decía hace poco una profesora que hay tantos carteles en las paredes de la Facultad que ha optado por no leer ninguno. Yo no me decido a bajar la cabeza, ignorando el enorme desplegado de carteles que anuncian actividades interesantes, y me entero de lo que está sucediendo, y puedo entonces elegir qué tomar entre la enorme riqueza de la Facultad, entre el derroche de conocimientos de que hace gala y que pone a mi alcance.
Si la aprovechan, la Facultad los facultará para darle un curso positivo a la enorme energía mental de sus más o menos veinte años, de manera que satisfagan las urgentes necesidades intelectuales, e incluso vitales, que su edad les plantea, por una parte, y los prepare para satisfacer las necesidades que les planteará su futuro.
Creo que no me equivoco al suponer en ustedes un impulso—y espero que les dure toda la vida—, hacia una participación cada vez mayor en la transformación del mundo, un deseo ferviente de aportar su voz a la creación de un mundo más justo, en el que todos sin excepción puedan realizar sus potencias, su creatividad, y me atrevo incluso a decir, su felicidad.
Están ustedes a punto de empezar a apropiarse de un conjunto de valores humanistas, universales, vistos y concretados desde nuestro conflictivo México, desde Nuestra doliente América Latina: libertad, igualdad, fraternidad, justicia, equidad, verdad, bondad, belleza,…y agreguen ustedes las que no tengo tiempo de nombrar, palabras y contenidos todos que, a pesar del desgaste de las palabras y de los desmentidos que puedan darnos ciertas realidades, siguen teniendo validez plena como utopías realizables. Soy de los que creen que las utopías están vivas y son realizables.
Están ustedes en proceso de integrarse a un mundo cada vez más complejo y conflictivo, para lo cual resulta invaluable lo que puede darles la Facultad.
Tienen ante sí dos tareas magníficas: Llevar a buen puerto la tarea de su realización personal, y a buen puerto también la de su realización social, política y cultural, que exigen nuestros tiempos y los tiempos por venir. Aprovechen ustedes la Facultad para lograrlo.
Les deseo muy buena suerte.
Muchas gracias.

2 Comments:

Blogger Lo-que-serA said...

¡Qué buen discurso! Yo también soy de las que refrendan la utopía, doctor.
Le dejo un abrazo.

lunes, agosto 28, 2006 11:51:00 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Just want to say what a great blog you got here!
I've been around for quite a lot of time, but finally decided to show my appreciation of your work!

Thumbs up, and keep it going!

Cheers
Christian, iwspo.net

sábado, mayo 29, 2010 4:46:00 p.m.  

Publicar un comentario

<< Home